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Numancia vuelve a hablar tras seis años de silencio

Administrador 30 de July de 2026 65 lecturas 6 min de lectura
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En el sector norte de Numancia, junto a los restos de la muralla que resistió el legendario asedio romano, un equipo de arqueólogos retira con cuidado una capa de tierra que nadie tocaba desde el año 2000. Bajo sus pies hay viviendas, una calle empedrada y una empalizada que llevan más de dos mil años esperando a que alguien vuelva a mirarlas con ojos nuevos. Después de seis años sin campañas sobre el terreno, la Junta de Castilla y León ha puesto en marcha una nueva investigación en uno de los yacimientos más simbólicos de la península ibérica.

Una excavación de tres meses para resolver enigmas de más de un milenio

El proyecto, dotado con cerca de 17.847 euros, se desarrollará durante tres meses y combinará el trabajo manual de la excavación con análisis científicos de última generación. El objetivo no es sacar a la luz un tesoro espectacular, sino algo más difícil: entender con precisión cómo cambió la vida en Numancia desde la Edad del Bronce Final hasta la ocupación romana, un periodo que abarca más de mil años de historia superpuesta en un mismo terreno.

El sector norte, elegido por su secuencia estratigráfica excepcional

La zona escogida ya se excavó entre 1998 y 2000, pero entonces la técnica disponible no permitía leer con exactitud la secuencia de capas del terreno, esa especie de tarta geológica donde cada nivel cuenta una época distinta. Ahora, con métodos que apenas existían hace un cuarto de siglo, el equipo puede volver sobre el mismo suelo y extraer información que antes resultaba invisible. Se conservan en ese punto viviendas, tramos de la muralla, una empalizada y una calle empedrada, además de una secuencia estratigráfica excepcional que llega hasta la época imperial romana.

De Alfredo Jimeno a Raquel Liceras: el relevo en el yacimiento

Al frente de la nueva campaña está Raquel Liceras, profesora de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid, que trabajó durante dos décadas junto a Alfredo Jimeno, el arqueólogo que dirigió las excavaciones originales en esa misma zona. Ese vínculo no es un simple dato biográfico: es la garantía de que el nuevo equipo conoce el terreno mejor que nadie y sabe exactamente qué preguntas quedaron sin respuesta la última vez.

Liceras lo resume con una frase que suena casi a confesión de oficio: "Ya simplemente con destapar estamos entendiendo todo de otra manera". Basta retirar la primera capa de tierra para que ideas asentadas durante décadas empiecen a tambalearse. Y es que Numancia lleva más de un siglo excavándose por fases, con distintos equipos y distintas prioridades, lo que ha dejado el yacimiento lleno de zonas trabajadas con criterios de otra época que hoy piden una segunda lectura.

Qué esconde la tierra: del Bronce Final a la romanización

El plan científico incluye dataciones por radiocarbono de madera y huesos quemados, estudios de carpología y antracología —el análisis de semillas y restos de carbón vegetal que permite reconstruir qué comían y qué plantas usaban los antiguos habitantes de Numancia— y análisis arqueozoológicos centrados en la economía y la dieta. A eso se suma un estudio arqueométrico de los materiales de construcción de barro, mediante fluorescencia y difracción de rayos X, capaz de distinguir técnicas constructivas como el tapial del adobe.

archaeologist carefully brushing dirt from ancient artifact excavation trench closeup

Especialistas del CSIC, aliados en el laboratorio

Buena parte de las muestras recogidas viajará hasta laboratorios del CSIC, donde especialistas en botánica antigua y fauna traducirán fragmentos de carbón y huesos en datos concretos sobre el paisaje, el clima y la alimentación de una comunidad que vivió siglos antes de que Roma pusiera un pie en la meseta. No es la primera vez que una campaña regional se apoya en este tipo de colaboración científica: algo parecido ocurrió en el Castillo de Guzmán, donde el cruce de varias disciplinas terminó sacando a la luz piezas que a simple vista habrían pasado desapercibidas.

¿Por qué sigue importando tanto lo que pasó en Numancia?

Numancia se convirtió en símbolo de resistencia frente a Roma tras un asedio que, según narran las fuentes clásicas, terminó con buena parte de sus habitantes prefiriendo la muerte antes que la rendición. El cerco, dirigido por Escipión Emiliano en el año 133 antes de nuestra era, se prolongó durante meses y acabó marcando para siempre la memoria histórica de la resistencia celtíbera. Pero reducir el yacimiento a esa única escena deja fuera casi todo lo demás: siglos de vida cotidiana, de comercio, de construcción y reconstrucción de un asentamiento que existió mucho antes y mucho después de aquel episodio. Esta excavación busca precisamente eso, rellenar el hueco entre el mito y la vida real de quienes habitaron el lugar antes de que la historia se fijara en su final.

Lo que hace especialmente interesante esta campaña no es solo lo que puedan encontrar bajo tierra, sino el hecho de que se trate de un plan a diez años, no de una intervención puntual. Frente a la lógica habitual de excavar, publicar un hallazgo llamativo y pasar página, aquí se plantea algo más parecido a una revisión completa del expediente: volver sobre zonas ya trabajadas con herramientas que antes no existían y, sobre todo, comprometerse a publicar los resultados en monografías y artículos. En arqueología eso no siempre ocurre, y ha dejado en el pasado investigaciones enteras condenadas al cajón de un archivo. Ese compromiso con la difusión es, quizá, tan relevante como cualquier pieza material que termine saliendo de la tierra soriana.

Excavaciones similares se han reactivado este mismo año en otros puntos de España, como en Huelva, donde los arqueólogos rastrean lo que podría ser la ciudad más antigua de Occidente, una señal de que el interés por revisar yacimientos ya conocidos, con tecnología que antes no existía, vive un momento especialmente activo en el país. Numancia, con su combinación de mito histórico y vacíos científicos por resolver, encaja de lleno en esa tendencia. La tierra soriana, una vez más, tiene mucho que contar, y esta vez el equipo que la escucha dispone de una década entera para hacerlo con calma.

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Fuente: El Español

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