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Aragón desentierra un mosaico romano que no acaba

Administrador 04 de August de 2026 50 lecturas 6 min de lectura
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En Artieda, un pueblo del Pirineo aragonés que no llega a los cien vecinos censados, hay una obra en marcha desde hace seis veranos que no tiene ni grúas ni andamios: solo paletas, pinceles y mucha paciencia. Cada julio, un equipo de arqueólogos vuelve al mismo punto de tierra para seguir sacando a la luz un mosaico romano que, año tras año, se resiste a terminarse. Este verano volvió a pasar: cuando todos daban por agotada la superficie decorada, aparecieron cuarenta metros cuadrados más, intactos, como si el suelo llevara dos mil años guardándose un as en la manga.

Cuarenta metros de teselas que nadie esperaba encontrar

El yacimiento se llama El Forau de la Tuta y ocupa un rincón discreto del término municipal de Artieda. Allí, bajo capas de tierra y siglos de olvido, se esconden los restos de un edificio termal romano de cierta monumentalidad, es decir, unas instalaciones de baños públicos pensadas para durar y para impresionar a quien las visitara. La sexta campaña de excavación, desarrollada durante buena parte de julio, tenía como objetivo cerrar el perímetro de una de las salas ya conocidas. En vez de eso, el equipo se topó con una ampliación considerable del pavimento decorado: una composición geométrica en blanco y negro que se suma a lo ya documentado en años anteriores.

Un suelo que sigue intacto tras dos milenios

Lo llamativo no es solo el tamaño del hallazgo, sino su estado. El nuevo tramo de mosaico ha aparecido en un estado de conservación excelente, sin las roturas ni lagunas que suelen acompañar a este tipo de pavimentos tras tantos siglos bajo tierra. Junto a las teselas, el equipo ha documentado además nuevas cloacas, los conductos de desagüe que permitían evacuar el agua usada en las termas, una pista más de que el edificio contaba con una infraestructura hidráulica bastante más sofisticada de lo habitual para una instalación de este tipo en una zona rural del interior peninsular.

Una casa de baños que lleva seis campañas dando sorpresas

Para entender por qué un pueblo tan pequeño concentra tanto interés arqueológico hay que remontarse a 2021, cuando arrancaron las excavaciones sistemáticas en el lugar. Aquel primer año apareció un mosaico bícromo interpretado como parte del vestíbulo del edificio, la zona de acceso por la que los bañistas entraban a las instalaciones. Un año después, en 2022, salió a la luz un segundo pavimento, este vinculado al frigidarium, la sala de agua fría de cualquier conjunto termal romano que se preciara.

Del vestíbulo con dioses marinos al friso geométrico

El mosaico del vestíbulo no es un pavimento cualquiera: representa una escena de thíasos marino, es decir, un cortejo de divinidades y criaturas del mar, un motivo decorativo habitual en edificios termales de cierto nivel porque el agua y sus dioses formaban parte del imaginario asociado a estos espacios. El segundo mosaico, en cambio, opta por una composición puramente geométrica, y es precisamente esa misma superficie geométrica la que ahora se ha ampliado con los cuarenta metros cuadrados de la última campaña.

¿Qué escondían realmente las termas romanas?

Las termas no eran solo un lugar para lavarse. En cualquier ciudad o núcleo rural romano con cierta entidad, funcionaban como centro social: allí se hacía negocio, se comentaba la actualidad, se hacía ejercicio y se pasaba buena parte del día en un recorrido que iba del calor extremo del caldarium al agua helada del frigidarium. Que un enclave como Artieda, alejado de las grandes ciudades romanas de Hispania, contara con un edificio termal decorado con mosaicos de esta calidad indica que la zona tenía un peso económico y social mayor del que su tamaño actual podría hacer pensar.

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El equipo detrás de la excavación y su alcance

Los trabajos están coordinados por Jorge Angás, investigador de la Fundación ARAID, junto a Paula Uribe, Lara Íñiguez, investigadora Ramón y Cajal, y M.ª Ángeles Magallón, todas ellas vinculadas al Instituto de Patrimonio y Humanidades de la Universidad de Zaragoza y al grupo de investigación P3A. La dirección científica se comparte con el Institut Ausonius, del CNRS y la Universidad de Burdeos Montaigne, a través de Milagros Navarro, José Ángel Asensio y Óscar Lanzas. Dieciséis estudiantes de la Universidad de Zaragoza han pasado este verano por el yacimiento como parte de su formación práctica.

El propio Jorge Angás resumía así la sorpresa del hallazgo: “cuando pensábamos que el mosaico estaba ya agotado, nos han aparecido 40 metros cuadrados más en un estado de conservación excelente”. Pocas frases retratan mejor lo que supone excavar un yacimiento que, campaña tras campaña, sigue guardando sorpresas bajo la misma parcela.

Un yacimiento abierto al público

El Forau de la Tuta está declarado Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Aragón, una figura de protección que reconoce su valor patrimonial más allá del interés puramente científico. Coincidiendo con la campaña, el equipo organizó una jornada de puertas abiertas a la que se acercaron alrededor de 270 personas, además de estrenar un documental audiovisual sobre la historia del yacimiento y el desarrollo de las investigaciones.

Lo que hace especialmente relevante este hallazgo es que pocas veces se puede seguir con tanto detalle la ampliación progresiva de un mismo edificio termal romano campaña tras campaña. En la mayoría de los yacimientos, el mosaico que se documenta en una excavación es el que hay, sin más sorpresas a la vuelta de la siguiente temporada; en Artieda, en cambio, el pavimento se ha ido revelando por fases durante seis años, lo que permite a los investigadores reconstruir con calma tanto la planta del edificio como los criterios artísticos de quienes lo decoraron. Este verano, la actividad arqueológica en distintos puntos de España ha estado especialmente activa: en Soria, las excavaciones en Numancia han vuelto a arrojar luz sobre la presencia romana en la península, mientras que en Burgos, el Castillo de Guzmán ha entregado hallazgos de época bastante posterior, prueba de que el territorio aragonés y castellano sigue siendo una fuente inagotable de historia por descubrir.

Por ahora, el equipo de El Forau de la Tuta ya prepara la séptima campaña, con la vista puesta en completar el perímetro del edificio termal y en seguir tirando del hilo de un mosaico que, dos mil años después de que alguien lo colocara tesela a tesela, todavía no ha terminado de contar su historia.

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