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Nadie esperaba el núcleo sólido de Marte

Administrador 04 de August de 2026 56 lecturas 5 min de lectura
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Durante cuatro años, entre 2018 y 2022, una sonda de la NASA estuvo tumbada sobre el polvo rojo de Marte escuchando temblores, y ese archivo de datos acaba de confirmar la existencia de un núcleo sólido de Marte que la comunidad científica daba por descartado. La sonda en cuestión, InSight, dejó de transmitir hace ya tres años, pero los más de 1.300 pequeños terremotos que registró siguen dando sorpresas.

Un corazón de hierro escondido bajo un manto de metal líquido

Hasta ahora, la imagen aceptada del interior marciano era la de un núcleo completamente líquido, una gran bola de metal fundido sin ninguna parte sólida en su centro. La primera vez que InSight permitió calcular el tamaño de ese núcleo, en 2021, ya fue un hito: nadie había medido nunca el interior de otro planeta rocoso con tanta precisión. Pero aquel primer cálculo no tenía resolución suficiente para distinguir si, dentro de ese núcleo líquido, existía además una región sólida, algo parecido a lo que ocurre en el centro de la Tierra.

Ondas que rebotan donde nadie las esperaba

El equipo, liderado por investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China junto al Imperial College de Londres, volvió sobre el archivo sísmico de la misión y se centró en un tipo concreto de onda: las llamadas PKKP y PKiKP, que se generan cuando la energía de un terremoto marciano atraviesa el planeta y rebota justo en el límite entre el núcleo externo líquido y una posible frontera interior. De los más de 1.300 movimientos sísmicos detectados por InSight, solo 23 tenían la calidad de señal necesaria para este tipo de análisis tan fino, un filtro que da idea de lo exigente que es este trabajo de detective planetario.

¿Qué tamaño tiene exactamente el núcleo sólido de Marte?

El resultado, publicado en la revista Nature, sitúa el radio del núcleo interno sólido en unos 613 kilómetros, con un margen de error de 67 kilómetros arriba o abajo. Para hacerse una idea de la escala, ese núcleo sólido mide algo más de 1.200 kilómetros de diámetro, mientras que el núcleo líquido que lo envuelve se extiende hasta unos 1.800 kilómetros desde el centro del planeta. En conjunto, la parte sólida representa aproximadamente una quinta parte del radio total de Marte, un dato que obliga a revisar los modelos que se usaban hasta ahora para explicar cómo se formó y cómo ha evolucionado el planeta.

Hierro, níquel y algo más

La composición estimada de ese núcleo no es hierro puro, sino una aleación de hierro y níquel enriquecida con elementos más ligeros como oxígeno, azufre y carbono. Esa mezcla concreta es la que, según los modelos, permite que una parte del núcleo se mantenga sólida mientras el resto sigue fundido, un equilibrio delicado entre presión, temperatura y composición química que también se da, salvando las diferencias, en el interior de la Tierra.

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Por qué esto cambia lo que sabíamos del planeta rojo

Marte perdió su campo magnético global hace miles de millones de años, y los científicos llevan décadas intentando entender por qué, ya que ese campo es el que protege la atmósfera de un planeta frente al viento solar y, de paso, hace posible que el agua líquida se mantenga en superficie durante más tiempo. Un núcleo con una parte sólida y otra líquida es justo el tipo de estructura que, en la Tierra, genera movimiento de convección y con él el campo magnético terrestre. Que Marte tuviera antes esa misma disposición interna, aunque acabara apagándose, ayuda a explicar mejor cuándo y cómo se extinguió su escudo magnético.

Puesto en perspectiva, lo más interesante de este hallazgo no es solo el dato en sí, sino que se haya obtenido a partir de una misión que ya no existe. InSight se quedó sin energía en diciembre de 2022, cubierta de polvo tras años sin que el viento marciano limpiara sus paneles solares, y sin embargo sigue generando descubrimientos de primer nivel casi cuatro años después de su silencio. Es una prueba de que el valor científico de una misión espacial no termina cuando se apaga la señal, sino que puede seguir creciendo mientras haya datos por reanalizar con técnicas cada vez más finas.

El hallazgo llega en un año en el que la exploración del sistema solar sigue dando titulares: hace apenas unas semanas se confirmaba el primer indicio serio de una luna fuera del sistema solar, otro hallazgo que obliga a revisar ideas que se daban por asentadas sobre cómo se forman y organizan los cuerpos planetarios. Entre un extremo y otro, desde el interior de Marte hasta los confines de otros sistemas estelares, la ciencia planetaria de este año está resultando especialmente fértil.

Los autores del estudio ya plantean que futuras misiones a Marte, con sismómetros más sensibles o desplegados en varios puntos del planeta a la vez, podrían afinar aún más estas cifras y aclarar de una vez si esa frontera entre el núcleo sólido y el líquido es tan nítida como sugieren los datos actuales o si esconde, todavía, alguna sorpresa más.

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Fuente: Diario Qué!

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