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Grietas y líquenes desgastan la Mezquita de Córdoba

Administrador 02 de August de 2026 55 lecturas 7 min de lectura
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Un andamio metálico ha empezado a taparle la cara a una de las puertas más fotografiadas de España. No es una obra cualquiera: se trata de la Puerta de San Nicolás, uno de los grandes accesos exteriores de la Mezquita de Córdoba, y desde esta semana un equipo de restauradores trabaja pegado a su piedra para frenar un deterioro que llevaba años avanzando en silencio. Nadie que pasee por la zona monumental se había fijado demasiado en las manchas oscuras que cubrían parte de la fachada, pero de cerca el diagnóstico es contundente: grietas, pérdida de relieves, costras negras y hasta líquenes creciendo sobre un monumento que ya ha cumplido más de mil años.

El Cabildo Catedral ha puesto en marcha esta intervención con un presupuesto de 160.000 euros, y la empresa especializada Anbar es la encargada de ejecutar los trabajos bajo la dirección técnica de la restauradora Anabel Barrena Herrera. No es una decisión aislada ni improvisada: forma parte de un plan que lleva ya varios años en marcha para ir rehabilitando, una por una, todas las puertas exteriores del templo.

Una puerta que lleva mil años recibiendo sol, lluvia y contaminación

La lista de daños detectados es larga y describe bien lo que significa envejecer durante diez siglos a la intemperie. Los técnicos han encontrado arenización y pérdida superficial en los sillares de piedra, grietas que recorren varios de sus elementos decorativos, desprendimiento de piezas y erosión en los relieves de ataurique, esa decoración vegetal tan característica del arte andalusí. A eso se suman depósitos de suciedad y costras negras, colonización de líquenes y hongos en las zonas más húmedas, oxidación en las piezas de latón de la puerta de madera y daños provocados por filtraciones de agua.

Qué esconde el nombre de San Nicolás

La puerta debe su nombre actual a la parroquia cercana de San Nicolás de la Villa, aunque su origen no tiene nada que ver con el cristianismo: nació como parte de la ampliación islámica del edificio. No es la primera que el Cabildo saca de la lista de pendientes. Antes ya se intervino en las puertas de Santa Catalina, San Sebastián, San José, Grada Redonda y Concepción Antigua, así que San Nicolás es más bien la siguiente ficha de un dominó que lleva tiempo cayendo con calma, puerta a puerta, en uno de los monumentos más visitados del país.

El origen: la ampliación que ordenó Almanzor hace más de mil años

Para entender por qué esta puerta merece tanto cuidado hay que retroceder hasta el siglo X. Entre los años 987 y 989, Almanzor, el hombre fuerte del califato de Córdoba, ordenó la última gran ampliación de la mezquita hacia el este, la más extensa de toda su historia constructiva. La Puerta de San Nicolás forma parte precisamente de ese tramo oriental. Con sus 13 metros de altura y 11 de anchura, combina piedra, ladrillo, mármol, madera y metal en una composición que incluye un arco central de herradura, celosías de mármol caladas y una puerta de madera reforzada con planchas de latón.

¿Quién fue Almanzor y por qué amplió la mezquita?

Almanzor no era califa, sino el hachib o primer ministro que gobernó de facto Al-Ándalus en nombre de un califa niño, y basó buena parte de su poder en campañas militares y en grandes obras públicas. Ampliar la mezquita mayor de Córdoba, ya entonces la más grande del mundo islámico occidental, era también una forma de dejar huella y de responder al crecimiento de la ciudad, que por entonces rondaba los cientos de miles de habitantes.

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1908: cuando Mateo Inurria le dio a la puerta su aspecto actual

Lo que hoy vemos en San Nicolás no es exactamente lo que dejó Almanzor. La imagen actual de la portada procede de una restauración de 1908 dirigida por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, con el escultor cordobés Mateo Inurria encargado de recuperar la decoración. Aquella intervención, con más de un siglo ya a sus espaldas, es la que ahora empieza a mostrar sus propias grietas. Conviene recordar esto: un monumento como la Mezquita-Catedral no se restaura una vez y se olvida, sino que necesita revisiones periódicas, casi como una persona que va al médico aunque no le duela nada. Cada intervención deja una capa más en la historia material del edificio, y dentro de cien años alguien tendrá que ocuparse también de lo que ahora está haciendo Anbar.

El deán presidente del Cabildo, Joaquín Alberto Nieva, ha explicado que la intervención «constituye un nuevo paso en el compromiso permanente del Cabildo con la conservación de la Mezquita-Catedral», y ha insistido en que el objetivo es preservarla «con el máximo rigor técnico». Son palabras que suenan casi protocolarias, pero detrás hay una gestión constante y poco vistosa: mientras millones de turistas fotografían las columnas y los arcos bicolores del interior, un equipo reducido de especialistas se dedica, puerta por puerta, a que el edificio siga en pie para las próximas generaciones.

Por qué esta restauración importa más allá de Córdoba

Lo interesante de este tipo de intervenciones es que rara vez llegan por una catástrofe. No ha habido un desprendimiento espectacular ni un socavón que obligue a actuar de urgencia: el deterioro se ha ido acumulando poco a poco, casi de forma invisible, hasta que alguien con la formación adecuada se ha parado a mirar de cerca la piedra. Ese modelo de mantenimiento continuo, con presupuestos moderados pero constantes, contrasta con lo que ocurre en otros puntos del patrimonio español, donde con frecuencia solo se actúa cuando el daño ya es visible a simple vista y el coste de recuperación se dispara. La Mezquita de Córdoba, al ser uno de los monumentos más visitados y rentables del país, puede permitirse este ritmo de revisión casi preventivo; muchos otros edificios históricos, sin ese flujo de visitantes ni ese respaldo institucional, simplemente esperan su turno durante décadas. En ese sentido, España sigue sumando reconocimientos a su patrimonio, como recogía hace poco la noticia sobre estos seis puntos que ahora son patrimonio de España, aunque el verdadero reto no está tanto en declarar como en sostener el cuidado día a día, año tras año.

Las obras en San Nicolás no tienen todavía una fecha de finalización anunciada, pero el patrón ya es conocido: primero se monta el andamiaje, después llega la limpieza superficial y la consolidación de los sillares más dañados, y por último se repone o se protege la decoración de ataurique y las piezas metálicas. Cuando termine, la puerta volverá a mostrarse tal y como la dejó Inurria hace más de un siglo, con una capa invisible de refuerzo que, con suerte, aguantará otro largo tramo de historia antes de que alguien vuelva a montar un andamio frente a ella.

Mezquita-Catedral de Córdoba, La: Historia y arquitectura de una joya eterna (Divulgación histórica)

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Fuente: El Debate

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