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Cráneo de Ruidera desafía la evolución humana

Administrador 02 de August de 2026 42 lecturas 6 min de lectura
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El cráneo de Ruidera lleva más de doscientos mil años escondido bajo la tierra de Ciudad Real, y acaba de obligar a los paleontólogos a repasar sus manuales sobre cómo evolucionó el ser humano en Europa. Se trata de un fragmento de hueso parietal, apenas unos centímetros, catalogado como RVH-1, que los investigadores han presentado como el primer resto craneal humano publicado de este yacimiento manchego. Y ese fragmento, pequeño en tamaño, tiene un peso enorme en lo que cuenta.

Un hueso diminuto que llevaba 200.000 años esperando en Ciudad Real

El hallazgo procede de las excavaciones del proyecto Primeros Pobladores del Alto Guadiana (PPAG), que trabaja desde 2023 en la cuenca alta del río Guadiana, en el entorno del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. La zona llevaba más de una década señalada como yacimiento de interés, pero hasta ahora nadie había dado con restos craneales humanos tan antiguos en ese punto exacto de la Submeseta Sur, una región que los especialistas describen como uno de los grandes huecos del mapa paleoantropológico europeo.

Cómo se dató un fragmento tan antiguo

Para fechar el hueso, el equipo combinó dos técnicas complementarias: las series de uranio y la luminiscencia estimulada ópticamente, un método que mide cuánta energía ha acumulado un sedimento desde la última vez que recibió luz solar directa. El resultado sitúa el fragmento en el Pleistoceno Medio, hace más de 200.000 años, una época en la que Europa ya estaba habitada por poblaciones humanas con rasgos muy distintos entre sí.

¿Por qué este cráneo no encaja con los neandertales?

El parietal de Ruidera muestra una combinación de rasgos que no se corresponde del todo con los neandertales clásicos, la especie que solemos asociar de forma automática con la Europa de aquel periodo. Presenta una mezcla de características arcaicas y otras más inesperadas, lo que sugiere que durante el Pleistoceno Medio convivieron en el continente poblaciones humanas con historias evolutivas distintas, no una única línea que fuera derivando poco a poco hacia el neandertal típico.

Daniel García-Martínez, investigador de la Universidad Complutense de Madrid y codirector del proyecto, lo resume así: "Durante décadas, la submeseta sur peninsular ha sido una de las regiones menos conocidas desde el punto de vista paleoantropológico". Y añade sobre el fósil en concreto: "El parietal de Ruidera presenta una combinación de características poco habitual en Europa occidental durante el Pleistoceno Medio".

Lo que cuenta sobre la evolución humana en la península ibérica

La península ibérica ya tenía fama entre los paleontólogos por ser un mosaico de hallazgos que no siempre encajan entre sí. Basta recordar que hace poco se anunció el rostro humano más antiguo documentado en Europa, otro hallazgo que obligó a mover fichas en el árbol genealógico humano. Ruidera se suma ahora a esa lista, aportando un capítulo que hasta ahora nadie había escrito porque, simplemente, no había restos con los que hacerlo.

Atapuerca y Ruidera, dos piezas del mismo rompecabezas

El paralelismo con Atapuerca es inevitable, aunque conviene no confundir ambos yacimientos: Atapuerca lleva décadas siendo el gran referente mundial de la evolución humana en Europa, con hallazgos que se remontan a hace más de 800.000 años, mientras que Ruidera apenas empieza a dar sus primeros frutos. Pero ambos comparten una idea de fondo, y es que la historia de nuestra especie en el continente no fue una línea recta con una sola protagonista, sino un escenario con varios reparto simultáneos. Algo parecido, salvando las distancias, a lo que ya mostraron los neandertales que poblaron un valle cercano a Madrid, cuyo número reducido de vecinos también obligó a repensar cómo vivían estas poblaciones.

paleoanthropologist examining ancient bone fragment under microscope in laboratory

Carlos A. Palancar, del Museo Nacional de Ciencias Naturales y codirector del proyecto junto a García-Martínez, insiste en que el hallazgo no es un caso aislado: "Lo más importante de este hallazgo es que no se trata de un fósil aislado". Es decir, el fragmento de Ruidera llega acompañado de un contexto arqueológico amplio, con miles de restos de fauna y herramientas de piedra recuperados en la misma zona, lo que permite reconstruir no solo el fósil en sí, sino el paisaje y los animales con los que convivió aquel individuo.

Un yacimiento que promete más sorpresas

Sara Díaz Pérez, investigadora de la Universidad de Wroclaw y también codirectora del proyecto, se muestra convencida de que esto es solo el principio: "Este fósil es solo la punta del iceberg. Ruidera tiene todavía mucho que contar". El equipo ya trabaja con paleontología virtual, anatomía evolutiva, geocronología y biología molecular para exprimir al máximo la información que guarda este pequeño fragmento de hueso, y sigue excavando con la expectativa de encontrar más piezas del mismo individuo o de otros que compartieron aquel paisaje kárstico.

El estudio se ha publicado en la revista Journal of Human Evolution, una de las cabeceras de referencia en este campo, lo que da una idea del peso científico que se le atribuye al descubrimiento pese a tratarse, de momento, de un solo fragmento óseo.

Lo que hace especialmente relevante este hallazgo es que llega en un momento en el que la imagen simplificada de neandertales por un lado y humanos modernos por otro lleva años resquebrajándose. Cada nuevo fósil de este periodo intermedio, como el de Ruidera, añade una pieza a un puzle que empieza a parecerse más a una red de poblaciones regionales, con rasgos propios, que a un árbol con una sola rama dominante. Puesto en perspectiva, y visto junto a otros yacimientos peninsulares, el fragmento de Ciudad Real refuerza la idea de que España, con su geografía variada y sus microclimas, actuó como refugio y punto de encuentro para distintos grupos humanos durante cientos de miles de años.

Por ahora, el pequeño hueso de Ruidera se estudia con el máximo cuidado en varios laboratorios, mientras el equipo del PPAG prepara ya las próximas campañas de excavación en la zona. Nadie se atreve a decir todavía a qué especie o linaje exacto pertenecía la persona que un día perdió ese fragmento de cráneo junto a las lagunas manchegas, pero está claro que su historia, doscientos mil años después, apenas ha empezado a contarse.

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Fuente: elDiario.es

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